La calabaza suele destacar por su color, sabor y textura, aunque su composición también explica su presencia en distintas preparaciones. Agua, fibra, vitaminas, minerales y pigmentos vegetales forman parte de esta hortaliza dentro de una alimentación variada.
Yolanda Vázquez Mazariego, doctora en Ciencias Biológicas y profesora de nutrición, describe en Sportlife diez aspectos de su perfil nutricional. El recorrido abarca desde el aporte de fibra y betacarotenos hasta la presencia de vitaminas y minerales.
Una taza de calabaza hervida aporta 45 calorías, una cantidad que permite incluirla en preparaciones sin sumar un aporte energético elevado. También contiene fibra, un componente que puede contribuir a la sensación de saciedad después de las comidas.
La fibra forma parte de los alimentos vegetales y se caracteriza porque el organismo no la digiere por completo. Por esa combinación, la calabaza puede integrarse en comidas que prioricen ingredientes de origen vegetal.
El color naranja de la calabaza se asocia con los betacarotenos, llamados provitamina A. Estos compuestos intervienen en la formación de pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina, el tejido del ojo que recibe la luz.
Allí se encuentran los bastones, células vinculadas con la visión nocturna. La calabaza contiene luteína, un compuesto mencionado en la composición de los vegetales de color naranja.
Los betacarotenos de la calabaza se vinculan con el cuidado de la piel dentro de una alimentación que incorpore vegetales. Su presencia explica el color de la hortaliza y permite relacionarla con alimentos de tonalidades anaranjadas.
Los rayos ultravioleta se asocian con el fotoenvejecimiento, es decir, con cambios que la exposición solar puede producir en la piel a lo largo del tiempo. El consumo de alimentos con estos pigmentos no sustituye las precauciones necesarias ante el sol.
El potasio, el magnesio y la fibra forman parte de los nutrientes de la calabaza que se relacionan con la presión sanguínea. Esta combinación reúne minerales y fibra en una misma hortaliza, que puede incorporarse a distintas comidas junto con otros vegetales.
La presencia conjunta de estos componentes se vincula con la prevención y el control de la hipertensión. En este apartado, el interés se concentra en la combinación de minerales y fibra que reúne el alimento.
La calabaza aporta vitamina C, un nutriente relacionado con la formación de colágeno. El colágeno es una proteína presente en tejidos como la piel, los cartílagos y los tendones, por lo que forma parte de la estructura de diversas zonas del cuerpo.
La vitamina C se suma a los pigmentos y minerales presentes en la hortaliza. Así, integra el conjunto de nutrientes que define su perfil nutricional.
La calabaza contiene vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. Los antioxidantes actúan frente a los radicales libres, moléculas que se producen en procesos normales del organismo y por factores ambientales.
Este perfil se asocia con una acción antiinflamatoria y con la reducción de marcadores como la proteína C reactiva. Se trata de una sustancia que se mide en análisis clínicos para observar procesos inflamatorios.
Además de agua, fibra, vitaminas y minerales, la calabaza contiene fitoesteroles, compuestos presentes en alimentos de origen vegetal. Estos componentes se vinculan con la regulación del colesterol y los triglicéridos.
La relación de los fitoesteroles con esos indicadores se plantea para la calabaza consumida cruda o en licuado fresco. Esa precisión diferencia esta preparación de las opciones cocidas que se mencionan en otros apartados.
El triptófano es un aminoácido que interviene en la formación de serotonina, una sustancia que participa en distintos procesos del sistema nervioso. Los aminoácidos son componentes que el organismo utiliza para formar proteínas y otras sustancias útiles.
En la calabaza, el triptófano se suma a vitaminas, minerales y pigmentos vegetales. Su presencia se vincula con la formación de serotonina, una sustancia relacionada con procesos de descanso y bienestar.
Los carotenos son pigmentos que aportan tonalidades amarillas, anaranjadas o rojizas a vegetales. En la calabaza, estos compuestos explican buena parte de su color y se incluyen dentro de las sustancias antioxidantes presentes en los alimentos de origen vegetal.
Los carotenos forman parte del mismo grupo de pigmentos que los betacarotenos, vinculados con la provitamina A. Por eso, su presencia ayuda a explicar el color y el perfil antioxidante de la hortaliza.
La vitamina E forma parte de los antioxidantes presentes en la calabaza. Su incorporación a la lista de nutrientes permite completar el perfil de una hortaliza que aporta agua, fibra, vitamina C, minerales y pigmentos vegetales.
Junto con los carotenos y otros nutrientes, la vitamina E se incorpora al conjunto de componentes antioxidantes de la calabaza. En la información de referencia, este nutriente también se vincula con el cuidado de las arterias.



