Las redes sociales son la mayor fábrica de personas que ha existido jamás

Las redes sociales son la mayor fábrica de Personas que ha existido jamás. Jung utilizó el término “Persona” —tomado del latín, la máscara que usaban los actores en el teatro griego— para designar la imagen que construimos para el mundo: la cara pública que aprendemos a presentar para encajar, ser aceptados, o simplemente sobrevivir en sociedad. La Persona no es en sí misma negativa; es una herramienta necesaria de adaptación. El problema aparece cuando nos identificamos tan profundamente con ella que olvidamos que detrás existe alguien diferente, más complejo y menos fotogénico.
Instagram, LinkedIn, X, TikTok son escenarios donde la Persona opera a una velocidad y escala sin precedentes en la historia humana. Lo que publicamos es siempre una selección, y toda selección implica una exclusión: los momentos de éxito, no los de duda; los proyectos logrados, no los abandonados; el cuerpo en su mejor ángulo, no el que se despierta a las tres de la madrugada incapaz de dormirse. La diferencia entre el personaje que proyectamos y la persona que somos genera, según Jung, una tensión psíquica que se paga de alguna manera: a veces en forma de ansiedad difusa, a veces en agotamiento sin causa aparente, a veces en la sensación de que nadie te conoce de verdad aunque tengas miles de seguidores.
Lo más revelador no es lo que publicamos, sino lo que nunca publicaríamos. Ahí, en esa zona de exclusión, está algo esencial: la Sombra personal mezclada con las partes del yo que consideramos demasiado vulnerables, demasiado ordinarias, o demasiado difíciles de explicar en una sola imagen. La pregunta que Jung habría hecho no es “¿cuántos seguidores tienes?” sino “¿quién eres cuando no te está mirando nadie?”
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