No se trata de inmadurez. La persona que siempre está a punto de empezar algo pero nunca lo termina, la que vive con la sensación de que su vida real empieza mañana, la que necesita que las condiciones sean perfectas antes de comprometerse con algo de verdad, no está siendo irresponsable: está siendo fiel a una estructura interna que aprendió, en algún momento de su historia, que la vida adulta era peligrosa o decepcionante o simplemente menos libre que lo que existía antes de ella.
Inspirado en la psicología de Carl Gustav Jung, el arquetipo del puer aeternus —el eterno niño— describe esta constelación psíquica. Jung identificó en sus pacientes una tendencia a permanecer identificados con las posibilidades sin querer convertir ninguna en realidad, porque convertir una posibilidad en realidad implica renunciar a todas las demás, y esa renuncia se vive como una pérdida irreparable. La levedad, la libertad, la vida sin raíces: todo eso tiene un atractivo genuino. Pero también tiene un precio: la profundidad, la presencia, el arraigo que solo llega cuando uno decide quedarse en algo con todo lo que tiene.
El puer no es un defecto de carácter: es una solución que funcionó. En algún momento de la infancia o la adolescencia, no crecer era la respuesta más inteligente disponible. El problema es que las soluciones de infancia no siempre son las más útiles en la vida adulta, y lo que fue protección puede convertirse en prisión.
Comprometerse con la vida que se tiene no es rendirse. Es la única forma de habitarla de verdad.
Inspirado en la psicología de Carl Gustav Jung, el arquetipo del puer aeternus —el eterno niño— describe esta constelación psíquica. Jung identificó en sus pacientes una tendencia a permanecer identificados con las posibilidades sin querer convertir ninguna en realidad, porque convertir una posibilidad en realidad implica renunciar a todas las demás, y esa renuncia se vive como una pérdida irreparable. La levedad, la libertad, la vida sin raíces: todo eso tiene un atractivo genuino. Pero también tiene un precio: la profundidad, la presencia, el arraigo que solo llega cuando uno decide quedarse en algo con todo lo que tiene.
El puer no es un defecto de carácter: es una solución que funcionó. En algún momento de la infancia o la adolescencia, no crecer era la respuesta más inteligente disponible. El problema es que las soluciones de infancia no siempre son las más útiles en la vida adulta, y lo que fue protección puede convertirse en prisión.
Comprometerse con la vida que se tiene no es rendirse. Es la única forma de habitarla de verdad.



